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A cada pas es un viaje poético y absurdo a través del redescubrimiento del mundo. ¿Qué habría ocurrido si Winnie, la inolvidable protagonista de Oh, los buenos días, de Samuel Beckett, hubiera podido salir volando y, así, escapar de su montículo de arena? Igualmente pegada a sus manías y su incesante optimismo. Con humor, ternura y la ingenua mirada de una payasa, la obra transforma el absurdo existencial, donde cada hallazgo es un pequeño milagro y cada caída, una nueva oportunidad de volar. A cada pas juega con la fragilidad y la resiliencia, con la soledad y la belleza del camino, llevando a los espectadores a una travesía tan cómica como conmovedora.
Una ventana, una luz. Otra ventana, un cotidiano. Otra ventana, un edificio en el que tres mujeres nos hablan de un no poder parar. ¡Todo se derrumba, se rompe, la maldita guerra eterna! Tres payasas que se encuentran en este camino del éxodo antiguo para recrear el mundo y devolvernos el placer de reír de las cosas más pequeñas, pero poniendo el dedo en la llaga cuando las cosas nos molestan. Viven en las historias que se han contado en todos los conflictos y utilizan números de payasos antiguos para reafirmar la voluntad de ser cómicas. Tres heroínas olvidadas que nos cuentan su historia con la voluntad de reír y hacer reír, para vivir en nuestra memoria.
Veus que no veus presenta la versión femenina de las llamadas «entradas clásicas», los números que inician un espectáculo o enlazan escenas. Por un lado, y como payasa augusta, Pepa Plana. Por otro, en el rol de payasa blanca, Clara del Ruste. ¿Cómo cambian y qué significado toman cuando se juegan desde dos payasas en vez de dos payasos? La compañía de Pepa Plana siempre ha reivindicado la figura de la payasa y ahora presenta los números circenses más clásicos. ¿Se trata de reír? Sí, pero no sólo de eso, sino de hablar, jugar y, tal vez, morder.
Estamos sobre un buffet de cualquier casa donde encontramos algunos objetos cotidianos en los que destaca un cuadro con cuatro ángeles que cantan, es un Paradís pintat. Toda la vida viéndolo y no habíamos caído que hay una diferente, que tiene el sueño de volar para transformarse en ángel de la guarda.
Un hilo conductor (rojo) que nos lleva a explicar las diferentes situaciones del mito griego. Este hilo nos permite hacer y deshacer un tapiz, donde la protagonista, esta Pepa/Penèlope payasa, a pesar de esperar a su Ramón/Ulises, disfruta compartiendo las situaciones más poéticas y tiernas de ésta espera así como las más absurdas y cómicas.
A partir de acciones muy cotidianas del imaginario femenino, tres caracteres con tres historias distintas; la mujer de la limpieza del teatro muy atolondrada porque todo lo tiene que hacer sola, una indigente que crea su familia imaginaria con lo que lleva en la carretilla y una gitana medio acróbata medio mágica, transcurren por la escena donde enseguida nos reconoceremos por su proximidad.
La obra comienza justo en el momento en que Pepa se entera de que le acaban de echar de una gran producción teatral donde ella iba a hacer el papel protagonista…, o eso es lo que ella imagina. Éste es tan sólo el punto de partida, pues Pepa está decidida a sacar adelante sola el proyecto. Giulietta es un espectáculo que se enriquece con el contacto directo con el público, y que descubre la mirada del payaso desde la condición de mujer.
Integrado por una serie de números que comienzan por una memorable e hilarante parodia de La Vaca Cega, el poema de Joan Maragall, en De Pe a Pa, Pepa Plana hace de poeta y rapsoda, irreverente, pero llena de humanidad. Nos cuenta una historia china, dialoga con una patata y nos demuestra lo cruel que puede llegar a ser la existencia de las personas.
Dos mundos conviven de lado. Dos realidades. Un payaso y una payasa nos lo cuentan, cada uno a su modo. Dos visiones complementarias, dos caras de la misma moneda. Dos historias contradictorias en las que los problemas grandes tienen fácil solución y los problemas pequeños pueden ser realmente complicados. El mundo, dicen, está mal repartido.
Amaluna se inspira en ‘La Tempestad’ de William Shakespeare, éste es su punto de partida. La trama se sitúa en una isla de mujeres, donde se encuentra la celebración de la Miranda, que se hace mujer. Sin embargo, a la isla llega la tormenta y, con ella, los hombres. «Aquí empieza todo el lío». Luego hay una historia de amor de Miranda y Romeo y se mezclan distintos personajes de Shakespeare.
Dos payasos y una payasa que se encuentran en este camino del éxodo para recrearnos el mundo y devolvernos el placer de reír de las cosas más pequeñas, pero poniendo el dedo en la llaga cuando las cosas nos molestan. Tres perdedores olvidados que cuentan su historia con la voluntad de vivir en nuestra memoria. ÉÈxode es un viaje sin retorno que sufre la humanidad desde los primeros tiempos de su existencia…ya sea por motivos religiosos, políticos, de hambre, o ahora también por motivos climáticos.
En un mundo de actores, irrumpe esta payasa con toda su inocencia, pero con la convicción de que son los demás los que van en dirección contraria y tal y como dice la directora del montaje, Ester Nadal: “nos libera de lecturas psicoanalíticas y de clichés interpretativos excesivamente restrictivos”.
Pepa Plana, actriz y payasa catalana, nacida en Valls, Tarragona, el 2 de mayo de 1965, es un referente nacional en el género por la calidad de sus espectáculos y por su contribución en la visualización de las payasas, destacando como una de las figuras europeas.